¿Sientes que controlas bastante de inglés, pero te quedas en blanco cada vez que tienes que hablar? ¿Estás aprendiendo pero te cuesta mucho empezar a comunicarte con otra gente? Hablar es una de las partes más difíciles de un idioma, no solo por la cantidad de energía mental que hay que usar, sino porque es una forma de comunicación inmediata. Cuando escribes, tienes tiempo para pensar qué poner, corregir cosas, a veces incluso consultar un diccionario. Pero cuando hablas, estás bajo presión. Si te cuesta arrancar a hablar, echa un vistazo a estos consejos.

 
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Habla de lo que sabes

No siempre es posible, claro, pero cuando puedas, lleva la conversación a tu terreno. Seguro que hay áreas en las que tienes más vocabulario, como tu trabajo o tus aficiones. ¡Aprovéchalo! En algún momento necesitarás ampliar tus conocimientos para poder hablar de más cosas, pero si estás intentando mantener una conversación, lo último que quieres es quedarte en blanco. Los comentarios informales casuales, el small talk y tus áreas de interés son tus mejores aliados aquí.

 

Entiende por contexto

Conversar no es solo hablar, es ser capaz de entender lo que te dicen y reaccionar a ello. Mucha gente se bloquea porque no entiende una o dos palabras, y mientras trata de recordar si las ha escuchado antes, se ha perdido la mitad de la conversación. O eso o detiene la conversación cada dos minutos para preguntar. Si quieres mantener una conversación fluida, evita esto y acostúmbrate a fijarte en el contexto, en el lenguaje no verbal y en el tono además de en las palabras. Esto no quiere decir que no preguntes nunca, pero intenta hacerlo solo cuando sea necesario, no para entender cada una de las palabras. Tampoco te obsesiones con que tu respuesta sea perfecta, y confía en que te podrás entender de un modo u otro. Por supuesto, es conveniente intentar ser lo más correcto posible, e intentar mejorar cada día, pero esto es cuestión de prioridades. Si lo que quieres es que fluya la conversación, puedes permitirte cometer unos pocos errores.

 

Pierde el miedo

La vergüenza y el miedo son tus peores enemigos a la hora de hablar en otro idioma. Por perfeccionismo, por miedo a la burla o por la razón que sea, nos cuesta mucho soltarnos y mostrar lo que sabemos si no nos sentimos con confianza. Hazte a la idea de que, si aprendes un idioma, te vas a equivocar, y mucho. Algunos errores serán más graciosos o más inofensivos que otros, pero equivocarse es inevitable y necesario. Así que piérdele el miedo cuanto antes, tanto a no entender lo que te dicen como a usar una expresión incorrecta. Atrévete a preguntar si no entiendes algo o si tienes una duda, a participar en la conversación aunque el resto tenga más nivel y, sobre todo, a expresarte con lo que sabes. Ya verás que tus conversaciones se vuelven mucho más fáciles y dinámicas.

 

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